Observar con atención la naturaleza que nos rodea,
sin juicios,
sin condicionamientos,
como quien la descubre
por primera vez.

Estar en la naturaleza con atención plena es como volver a contemplar su majestuosidad con los ojos de un niño.
Como quien la observa por primera vez.
A veces, lo que nos rodea se vuelve cotidiano y pasa desapercibido ante nuestros ojos.
La atención plena nos invita a recuperar es capacidad natural de observar con atención y presencia.
Observar diferentes arboles.
Las flores y sus diferentes colores diferentes.
Los cambios de luz de las estaciones.
Sentir la temperatura en nuestro rostro.
Vivirlo.
No para analizar.
No para interpretar.
Simplemente para estar presentes en la experiencia.
Esta mirada,
esta presencia atenta,
puede transformar un paseo cotidiano en un momento de calma, disfrute y conexión.
Deja una respuesta