Una Ducha con atención plena:

Para  aprender a vivir con atención plena no es necesario hacer grandes cosas, unos minutos de presencia atenta cada día son suficientes.

Y nuestra ducha diaria puede convertirse en un buen momento para cultivar la presencia atenta. Una ducha con atención plena, una ducha mindfulness.

Ser conscientes de que nos duchamos mientras nos duchamos.

Suena sencillo.

Pero en muchas ocasiones  nuestra mente no está en la ducha.

El cuerpo está en la ducha.

La mente está en el futuro,

En el pasado,

o atrapada en un pensamiento circular.

Y la experiencia de la ducha pasa sin ser vivida con atención y presencia.

De hecho ocurre que  podemos salir  de la ducha sin ser conscientes de cómo nos hemos duchado.

Sencilla guía para una ducha con atención plena :

Al entrar en la ducha:

Podemos empezar  desvistiéndonos con la intención de estar presentes en la experiencia corporal y sensorial que es el acto de ducharnos o bañarnos.

Comenzamos centrando nuestra atención en lo que estamos haciendo mientras nos preparamos.

Si necesitamos un poco más de calma y concentración podemos realizar una respiración consciente y profunda antes de entrar en la ducha.

En la ducha:

Con la atención dispuesta para la experiencia,

centrados en el aquí y ahora,

en este momento,

comenzamos nuestro ritual de ducha tal y como lo hacemos normalmente.

Poniendo nuestra atención

En las sensaciones de nuestro cuerpo.

El sonido del fluir del agua.

El contacto del agua con la piel.

La temperatura.

El sentir del jabón en nuestra piel.

El olor.

Las sensaciones de nuestros  músculos.

Nuestro rostro.

El movimiento de las manos.

El cuerpo siendo aseado.

Cuando aparecen pensamientos:

Si en algún momento de nuestra ducha o baño surge un pensamiento,

Podemos observarlo,

Sin seguirlo,

Sin pelear con él.

Dejándolo pasar.

Sabiendo que en otro momento podremos prestarle atención si así lo deseamos.

Y volver.

Al agua

Al cuerpo

A la experiencia.

Al terminar:

Podemos  mantener la presencia atenta.

Sentir el contacto con la toalla.

El cambio de temperatura.

Observar cómo se siente el cuerpo después de la ducha.

Cómo queda la respiración.

Cómo queda la presencia.

Cómo nos sentimos.

Si durante esta ducha con atención plena nos distraemos, no pasa nada.

Si al terminar descubrimos que hemos pasado parte de la ducha enredados en un pensamiento, tampoco pasa nada.

Darse cuenta forma parte del cultivo de la atención plena.

Mañana, en la siguiente ducha, habrá una nueva oportunidad de volver, de cultivar la presencia.

La intención no es hacerlo perfecto.

La intención es cultivar, poco a poco, la capacidad de  volver, de regresar a la experiencia  presente.

Unos minutos de presencia atenta cada día, varias veces al día, son suficientes para ir cultivando una forma de vivir nuestra vida con más atención plena.

La atención plena se puede cultivar en cualquier momento de nuestro día a día.

Sin grandes gestas.

Volviendo a la experiencia.

Con plena atención.

En la vida real.


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