Observar sin juzgar

Observar sin juzgar es una de las bases de la atención plena.

 Observar sin juzgar no significa dejar de pensar.

O dejar la mente en blanco.

Tampoco  aceptar pasivamente cualquier cosa que nos sucede.

Pensar, evaluar, anticipar, crear o planificar son capacidades profundamente humanas y extraordinarias.

Observar desde la presencia también lo es.

Y, al igual que cultivamos y entrenamos nuestras capacidades cognitivas, podemos cultivar nuestra capacidad de observar sin juzgar.

Observar sin juzgar es una forma diferente de percibir

Observar sin juzgar es entrar en contacto con la experiencia de una forma diferente, más directa, más genuina, menos condicionada por la interpretación  que hacemos de ella.

Observar sin juzgar es poner presencia a lo que sucede.

Prestar atención plena.

Atención genuina.

A lo que vemos.

A lo que escuchamos.

A lo que sentimos.

A  lo que sucede en nuestro interior.

Sin necesidad de elaborar una explicación inmediata.

Sin realizar un juicio de valor al instante.

Sin quedar anclados en nuestra interpretación.

Observar sin juzgar es percibir la realidad de una forma diferente.

Es estar presente ante lo que sucede en el presente.

Observar nuestros pensamientos y  juicios.

Observar sin juzgar no significa dejar de tener pensamientos.

Al observar una experiencia pueden aparecer pensamientos, recuerdos, expectativas, valoraciones o juicios.

Es natural.

La mente produce pensamientos.

La cuestión no es conseguir que deje de hacerlo.

La cuestión es aprender a reconocer que aparecen y, durante la práctica, no engancharnos en ellos.

Los pensamientos aparecen.

Los observamos.

Los dejamos pasar (en su mayoría).

Y volvemos a la experiencia.

Volvemos a lo que estamos observando:

La respiración.

El cuerpo.

Un sonido.

Una sensación.

Lo que tenemos delante de nosotros.

Lo que tenemos en nuestro interior.

Una y otra vez.

Cultivando la capacidad de observar sin juzgar.

Perdernos.

Darnos cuenta.

Volver.

Distraernos.

Volver a la presencia.

Esa es la práctica.

En la atención plena y en muchas formas de meditación, los pensamientos no se borran.

Se observan.

Con la práctica podemos aprender a observarlos, a dejarlos pasar sin desarrollarlos, sin anclarnos a ellos.

Más adelante pueden cultivarse otras formas de meditación en las que permanecemos meditando sobre una idea, una pregunta o un concepto.

Sin embargo, en los comienzos de la práctica de la atención plena es necesario aprender, cultivar y desarrollar la capacidad de observar sin juzgar.

Observar sin juzgar no significa perder nuestro pensamiento crítico o nuestra capacidad de discernir.

Tampoco significa renunciar a evaluar, decidir o actuar.

Observar sin juzgar es aproximarnos a una forma más presente, más consciente y más atenta de percibir la realidad.

Y, después, cuando sea necesario, nuestros recursos cognitivos seguirán haciendo su labor:

Evaluar.

Planificar.

Crear.

Decidir.

Pero probablemente desde un lugar muy diferente.

Observar sin juzgar no es aceptar la realidad pasivamente.

Existe una interpretación errónea bastante extendida sobre lo que significa observar sin juzgar.

Observar sin juzgar NO significa:

Que todo nos parezca bien.

Que debamos tolerar cualquier acción.

Ser una persona pasiva.

No poner límites.

No tener preferencias u opiniones sobre algo.

Observar sin juzgar es una forma de percibir, una forma diferente de observar o aproximarnos  a la realidad.

Después de observar sin juzgar  podremos:

Discernir.

Decidir.

Actuar.

Responder.

Observar sin juzgar nos permite conocer y observar aquello que está sucediendo de una forma diferente. Con una mirada más amplia, más consciente, más presente, más ecuánime, antes de decidir cómo responder o qué opinión formarnos sobre una situación concreta.

Porque  cuando dejamos de quedar atrapados de forma continua por pensamientos, juicios, narrativas heredadas, interpretaciones, etc. podemos percibir  la realidad con mayor claridad.

Podemos experimentar la realidad con atención plena.

Cultivar otra mirada.

Cultivar la capacidad de observar sin juzgar es ampliar nuestra mirada, nuestra atención, nuestra forma de relacionarnos con el mundo y con la experiencia del presente.

Cuando practicamos el observar sin juzgar de forma sostenida en  el tiempo, podemos:

Ampliar nuestro encuadre.

Sostener mejor nuestra atención.

Percibir más: más detalles, más matices.

Cultivar una mirada algo más atenta, objetiva, consciente y profunda.

Observar sin juzgar no es  dejar de pensar o renunciar a nuestras capacidades cognitivas.

Observar sin juzgar es cultivar una mirada que cambia nuestra forma de relacionarnos con la realidad de nuestro mundo interior y exterior.

Meditación sin dogmas, atención plena para la vida real

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