La atención plena, o mindfulness, no es una práctica que solo se pueda realizar en un curso de meditación o en un retiro.

La atención plena es una habilidad humana.

Una forma de presencia atenta.

Una forma de conciencia plena.

Una manera de mirar, percibir y experimentar lo que estamos viviendo.

Es una capacidad natural, que todos tenemos, y que además se puede cultivar.

Esta presencia atenta se puede cultivar a través de ejercicios de meditación y de prácticas concretas, pero también puede cultivarse de una forma más sencilla en los pequeños momentos del día a día.

En una ducha.

En un paseo.

En un momento de presencia atenta observando una flor.

Respirando antes de contestar un email.

Jugando con un niño.

Mientras cocinamos.

O mientras estamos en una sala de espera.

La atención plena no consiste en hacer algo extraordinario.

Es una forma de estar más presentes en lo cotidiano.

Ducharnos sabiendo que nos duchamos.

Escuchar poniendo atención en lo que escuchamos.

Hacer una tarea centrados en esa tarea.

Conectar con otra persona prestándole toda nuestra atención.

Volver al cuerpo.

Volver a los sentidos.

Volver al momento presente.

Integrar estos pequeños momentos de presencia atenta en nuestra vida diaria.

Eso también puede ser atención plena llevada a la vida real.

Meditación sin dogmas, atención plena para la vida real

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